Fotografías de carnet

Te puedes pensar que hacer fotografías de carnet es algo simple.

Llegas, te sientas, foto y listo.

Puede que para un adulto sí, bueno, hay excepciones.

Pero para los peques… eso es otro mundo.

Puede llegar alguno que sea sentarse, foto y listo, pero lo normal no es así.

Mira, esta es la primera foto de mi hijo.

Primera fotografía de carnet

Sí, ya lo sé, es una ecografía, pero quiero que mires la posición. 

Con el brazo en medio.

Ya desde que están ahí tienen la predisposición a no dejarse hacer fotografías.

Menudos bichejos.

Ahora te voy a contar unas cuantas anécdotas de fotos a peques.

Primero te diré que somos buenos, muy buenos haciéndoles las fotos. Siempre conseguimos hacérselas, y algunas son realmente geniales.

En rara ocasión se va uno sin sus fotos.

Recuerdo un niño de unos dos años. A esa edad normalmente extrañan, pero no. Una maravilla, de los de entrar, sentarle, sonríe, foto y listo.

Es una excepción. He empezado por lo fácil.

Lo normal es esto:

Un niño de unos 5 años. Ya me miraba raro cuando los padres preguntaron por las fotos de carnet.

Yo preparé el estudio, como siempre, para hacer la foto.

Fue abrir la puerta y… romper a llorar.

Mucho llanto.

La madre entró con él cogido en brazos y se sentó en el banco intentando tranquilizarlo.

Él no hacía más que intentar bajarse para irse, pero la madre lo hizo muy bien.

Se calmó un poco y pude hacerle una foto.

No salió bien, pero se la enseñé y vió que no pasaba nada.

Ya estaba mucho más tranquilo y le hice otra habiendo hecho antes un poco el payaso para ver si le sacaba una sonrisa.

Casi.

Después de un par de fotos más… ¡Flash! 

Listo, foto con sonrisa y todo.

En otra ocasión:

Abrí la puerta y allí estaba detrás. Fue mirarme y salir escopetada y su padre detrás de ella.

Esta no lloraba, es más, se partía de risa. Se lo tomaba a juego.

Le sentó en el banco y él a su lado para que no se cayera.

Mírame. 

Una sonrisa. 

Carcajada. 

Foto.

Fantástica.

Otra anécdota más: 

Sentado ya en el banco.

Mírame.

Y lo hizo, me miró, pero no a la cámara, se torció para intentar mirarme detrás de la cámara.

Esto les pasa a muchos.

Le expliqué que tenía que mirar al objetivo.

Me dijo vale.

Mírame.

Torcido para mirarme detrás de la cámara. Jeje.

Costó, pero después de un par de fotografías salió muy bien.

También están los que posan.

Es ponerte detrás de la cámara y hacer su pose.

Cabeza un poco ladeada tocando con la barbilla el hombro.

O pulgares arriba a los lados de la cara.

O morritos.

O manos en las mejillas con carita de ángel.

Son super graciosos.

Me lo paso genial haciendo fotos de carnet a los peques, cada uno es una aventura distinta.

Con los mayores es otra historia. No es tan divertido, aunque de vez en cuando hay alguna que otra situación graciosa.

Te cuento:

Recuerdo una chica que le entraba la risa cada vez que me ponía detrás de la cámara.

Levantaba la cámara, la miraba por el visor y le daba la risa.

Menudo rato, lo que le costó.

Hubo otro que le hacía la foto y cuando la miraba en la pantalla de la cámara estaba con los ojos cerrados.

Normalmente, cuando se hace una foto de carnet, se detecta si la persona pestañea.

Con él no.

Foto.

Ojos cerrados.

Otra foto.

Ahora bien… pues no.

Impresionante. Y no lo hacía adrede.

¿La solución?

Le dije que cerrase los ojos y que los abriese cuando yo le avisara.

A la primera.

También hay gente que posa.

Pero si es para documentos oficiales no se puede. 

Hay que salir de frente, que se vea bien la cara y con un gesto más bien neutro, aunque si pones un poco de sonrisa siempre sales mejor.

Lo de la sonrisa en las fotos de DNI o pasaporte o documentos para España sí vale, para otros no.

Por ejemplo, para la Visa Americana no se puede sonreír. Son así de serios.

Sí, hacemos fotos para todo tipo de documentos.

Puedes traernos las medidas que necesitas o, si no las tienes o no las sabes, nosotros las buscamos.

Ya sabes, si necesitas fotos de carnet o para cualquier otro documento, ven y te la hacemos. Además de una buena foto, puede que te lleves una anécdota graciosa.