Si tienes centenares de fotos esparcidas por casa o guardadas sin orden en cajas, este álbum es donde toman forma de verdad. Doscientas fotos de 10×15 caben aquí dentro, protegidas cada una en su bolsa de plástico transparente sin que tengas que pegar nada ni jugar a encajar piezas.
Lo bueno es que funciona sin complicaciones. Abres el álbum, metes la foto en la bolsa de inserción, y listo. Ni pegamentos que se secan mal, ni esquinas rotas por sacar fotos de un sitio para meterlas en otro. Las fotos quedan visibles por los dos lados, así que puedes hojear sin fricciones. El tamaño del álbum es de poco más de 19 por 25 centímetros, lo que cabe sin problema en una estantería o en la mesilla. Cuando lo abres, cubre lo que pones sobre una mesa pequeña, ni muy grande ni tan diminuto que te canse la vista.
La cubierta es de papel con diseños variados y colores alegres, así tiene presencia sin pretender ser nada que no es. Es resistente para el uso doméstico, para hojear cada vez que quieras revivir un viaje, una época, una persona. No es un álbum para guardar en una caja y olvidar. Es uno que sacas cuando te apetece recordar sin tener que abrirte tres carpetas en el ordenador.
Queda bien en muchas situaciones. Sirve para archivar ordenadamente fotos que has revelado con nosotros. Si tienes varias cámaras analógicas o la Instamax llena de polaroids, es el lugar donde aterrizan. Como regalo, funciona cuando quieres dar a alguien un recipiente bonito donde guardar sus propias fotos sin condiciones. Incluso viene con una bolsa para CD, por si necesitas almacenar también la versión digital de esos recuerdos.
Lo que conviene saber: trae espacio para doscientas fotos, así que planifica si tienes más. Las fotos de 10×15 son el estándar para la mayoría de trabajos de laboratorio, el tamaño justo entre poder ver detalles y no ocupar medio escritorio. Cada bolsa sostiene bien la foto sin rozaduras.






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