Este marco tiene ese punto vintage que en las tiendas grandes no encuentras. Blanco desgastado, como si llevara años en la pared de una casa de pueblo, pero nuevo. Ese es el truco.
Lo bueno es que 20×30 no es demasiado grande ni demasiado pequeño. Es el tamaño donde caben las fotos importantes sin que parezca que quieres que todo el mundo las vea nada más entrar. Una foto de vacaciones, ese retrato donde quedó bien alguien que quieres, un paisaje que te marcó. Cuelga genial en un dormitorio, en el pasillo, o la dejas apoyada en una estantería o en la cabecera. La moldura de 2,8 centímetros da presencia, le da peso visual sin ser cosa de otro mundo.
Funciona igual en horizontal que en vertical, así que no tienes que pensar en ello cuando haces la foto. Encuadra como te salga, que el marco se adapta. Lleva cristal incluido, así que tu foto queda protegida y se ve bien definida. Y si lo quieres en la pared, trae los soportes listos para colgar.
Es de esos marcos que la gente de verdad usa para las cosas que importan. No es industrial, ni moderno minimalista que después te aburre mirar. Es cercano, tranquilo. Si guardas fotos en una caja esperando el momento de que decores con ellas, este es ese momento. Pon una que te haga sonreír cada vez que la veas pasar por la puerta, y listo.
Lo único que conviene saber: la foto tiene que ocupar bien el espacio interior, sin demasiado margen blanco a los lados a menos que sea intencionado. Si la impresión es de menor tamaño, te damos la opción de poner un cartón de soporte para que encaje perfecta. Pregunta en el laboratorio si tienes dudas cuando hagas el pedido.





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